Existe una necesidad básica en los seres humanos por acercarse a lo desconocido y conocer el futuro. Una de nuestras periodistas se adentró en este mundo misterioso y se realizó una lectura del cigarrillo, enfrentando sus propios miedos y develando un futuro entre el dolor y el amor.
Todos alguna vez nos hemos preguntado por lo incierto, aquello que vendrá y no conocemos. El futuro siempre ha sido un enigma para muchos, por generaciones los humanos hemos buscado respuestas a las preguntas sobre qué pasará más adelante y algunas cosas han resultado aparentemente efectivas para lograrlas. El tabaco, el tarot, las líneas de la mano, las estrellas, los astros, los planetas, el chocolate…
Fue por eso que acudí a una esoterista de bajo perfil que vende productos de magia blanca —velones, esencias y otra cantidad de cosas para mantener la armonía entre alma y cuerpo— para que me leyera el cigarrillo. Muchas preguntas me embargaban, el amor, el trabajo, el estudio, la familia, las relaciones personales, la salud, la muerte… pero muy especialmente si sería verdad o no.
La tienda esotérica de Gloria huele a esencia de canela mezclada con jazmín. Es tenue, casi a media luz podría decirse. Es pequeña, sus paredes están cubiertas con vitrinas que, a su vez, contienen velas de distintos colores y fragancias, frascos de esencias, pirámides de parafina y piedras con las que se atraen las energías. En el fondo está su oficina, es una tabla improvisada que tapa la visión de quien esté en el almacén, un escritorio, dos sillas, un butaco, un teléfono y en cerámica tres oraciones: el “Padre Nuestro”, la “Bendición del hogar” y la “Bendición del negocio”. Ella es una mujer de piel morena, con rasgos aindiados y cabello corto, con un aire maternal pero con cierta picardía.
Me hace sentar frente a ella, al lado derecho de su escritorio, y me pide que encienda un cigarrillo Piel Roja sin filtro que sabe a mil demonios, no sin antes hacerle una oración en susurro que no logré escuchar.
Empecé a fumar como pude, mejor dicho, como fumamos los que no sabemos hacerlo, y ella seguía igual de concentrada. Me preguntó mi nombre, si tenía pareja, que hace cuánto. Me extendió la mano y me recibió el cigarrillo, lo miró con aprobación y dijo: “veo éxito, veo hombres, casados, solteros, separados que están detrás de usted” y siguió enumerando ciertas características: que gordos, que flacos, que monos, que negros; del trabajo o del estudio, éste que todavía no conoces, el que conocerás en un paseo o en la calle, que a éste te lo presentará una amiga, que la decisión va a ser difícil pero que el que me conviene ya lo conozco, que cuidado con un embarazo.
Y así, después pasó al estudio, que será un semestre productivo y que para el próximo año habrá un buen trabajo.
“Tendrás un luto muy difícil, muy doloroso, que te va a hacer llorar mucho, creo que es un amigo muy querido, eso tendrás que aprenderlo a asumir” y me miró con tristeza o con solidaridad, no sé.
Me dijo que no votara caspa siéndole fiel a alguien porque esas personas mal pagan, que disfrutara la vida y que le creyera porque eso era mi futuro: éxito pero también dolor. Que mi vida el próximo año no iba a ser fácil pero que tenía que enfrentarlo como viniera.
Después una mujer entró y fume un poco más. Me dijo que en este momento mi cabeza daba vueltas entre el amor pasado y el presente y que tenía que ponerme pilas porque eso afectaba mi vida…
Por último me dijo que mucho cuidado con un embarazo, que lo veía, sólo que no sabía que tan cercano, que me cuidara porque sabía que eso podría dañarme la vida, que disfrutara del amor en todo momento y que hiciera de mi juventud el mejor momento de mi vida. Que si de pronto quedaba en embarazo y decidía no tenerlo ella podía ayudarme con el “problemita” sin dolor ni mayores contratiempos.
“Es mejor que se cuide, mi niña, porque eso no es bueno para nadie, a otras personas les he ayudado con lo mismo, claro, si querés puedo hacerlo. Nunca me equivoco, pero hay cosas que se pueden evitar así que pilas pues, a cuidarse”.
Tomé un poco de aire para asimilar lo que me dijo y de paso para quitarme el fastidio que me produjo el cigarrillo. Pagué y me despedí. Ella me dijo que siempre a la orden y que volviera a contarle si tenia razón o no.
Esto pareció más un consejo de madre que una consulta con el futuro, algunas cosas ya las sabía pero no las tenía claras y otras eran normales que sucedieran, lo de los hombres, en cambio, me pareció un poco exagerado.
Salí de allí con la esperanza de que muchas cosas no pasaran, pero creyendo como siempre que el poder está en mi mente, que si no lo quiero no pasa, que hay cosas que se pueden evitar y que hay cosas que se pueden provocar.
No niego que un sin sabor me dejó algo preocupada, porque si ella no tuviera razón no tendría porque saber cosas de mi pasado y de mi presente. Pero el devenir puede ser sólo algo casual, una cuestión de azar, algo que sólo podré descubrir en el futuro.
Todos alguna vez nos hemos preguntado por lo incierto, aquello que vendrá y no conocemos. El futuro siempre ha sido un enigma para muchos, por generaciones los humanos hemos buscado respuestas a las preguntas sobre qué pasará más adelante y algunas cosas han resultado aparentemente efectivas para lograrlas. El tabaco, el tarot, las líneas de la mano, las estrellas, los astros, los planetas, el chocolate…
Fue por eso que acudí a una esoterista de bajo perfil que vende productos de magia blanca —velones, esencias y otra cantidad de cosas para mantener la armonía entre alma y cuerpo— para que me leyera el cigarrillo. Muchas preguntas me embargaban, el amor, el trabajo, el estudio, la familia, las relaciones personales, la salud, la muerte… pero muy especialmente si sería verdad o no.
La tienda esotérica de Gloria huele a esencia de canela mezclada con jazmín. Es tenue, casi a media luz podría decirse. Es pequeña, sus paredes están cubiertas con vitrinas que, a su vez, contienen velas de distintos colores y fragancias, frascos de esencias, pirámides de parafina y piedras con las que se atraen las energías. En el fondo está su oficina, es una tabla improvisada que tapa la visión de quien esté en el almacén, un escritorio, dos sillas, un butaco, un teléfono y en cerámica tres oraciones: el “Padre Nuestro”, la “Bendición del hogar” y la “Bendición del negocio”. Ella es una mujer de piel morena, con rasgos aindiados y cabello corto, con un aire maternal pero con cierta picardía.
Me hace sentar frente a ella, al lado derecho de su escritorio, y me pide que encienda un cigarrillo Piel Roja sin filtro que sabe a mil demonios, no sin antes hacerle una oración en susurro que no logré escuchar.
Empecé a fumar como pude, mejor dicho, como fumamos los que no sabemos hacerlo, y ella seguía igual de concentrada. Me preguntó mi nombre, si tenía pareja, que hace cuánto. Me extendió la mano y me recibió el cigarrillo, lo miró con aprobación y dijo: “veo éxito, veo hombres, casados, solteros, separados que están detrás de usted” y siguió enumerando ciertas características: que gordos, que flacos, que monos, que negros; del trabajo o del estudio, éste que todavía no conoces, el que conocerás en un paseo o en la calle, que a éste te lo presentará una amiga, que la decisión va a ser difícil pero que el que me conviene ya lo conozco, que cuidado con un embarazo.
Y así, después pasó al estudio, que será un semestre productivo y que para el próximo año habrá un buen trabajo.
“Tendrás un luto muy difícil, muy doloroso, que te va a hacer llorar mucho, creo que es un amigo muy querido, eso tendrás que aprenderlo a asumir” y me miró con tristeza o con solidaridad, no sé.
Me dijo que no votara caspa siéndole fiel a alguien porque esas personas mal pagan, que disfrutara la vida y que le creyera porque eso era mi futuro: éxito pero también dolor. Que mi vida el próximo año no iba a ser fácil pero que tenía que enfrentarlo como viniera.
Después una mujer entró y fume un poco más. Me dijo que en este momento mi cabeza daba vueltas entre el amor pasado y el presente y que tenía que ponerme pilas porque eso afectaba mi vida…
Por último me dijo que mucho cuidado con un embarazo, que lo veía, sólo que no sabía que tan cercano, que me cuidara porque sabía que eso podría dañarme la vida, que disfrutara del amor en todo momento y que hiciera de mi juventud el mejor momento de mi vida. Que si de pronto quedaba en embarazo y decidía no tenerlo ella podía ayudarme con el “problemita” sin dolor ni mayores contratiempos.
“Es mejor que se cuide, mi niña, porque eso no es bueno para nadie, a otras personas les he ayudado con lo mismo, claro, si querés puedo hacerlo. Nunca me equivoco, pero hay cosas que se pueden evitar así que pilas pues, a cuidarse”.
Tomé un poco de aire para asimilar lo que me dijo y de paso para quitarme el fastidio que me produjo el cigarrillo. Pagué y me despedí. Ella me dijo que siempre a la orden y que volviera a contarle si tenia razón o no.
Esto pareció más un consejo de madre que una consulta con el futuro, algunas cosas ya las sabía pero no las tenía claras y otras eran normales que sucedieran, lo de los hombres, en cambio, me pareció un poco exagerado.
Salí de allí con la esperanza de que muchas cosas no pasaran, pero creyendo como siempre que el poder está en mi mente, que si no lo quiero no pasa, que hay cosas que se pueden evitar y que hay cosas que se pueden provocar.
No niego que un sin sabor me dejó algo preocupada, porque si ella no tuviera razón no tendría porque saber cosas de mi pasado y de mi presente. Pero el devenir puede ser sólo algo casual, una cuestión de azar, algo que sólo podré descubrir en el futuro.
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