
El taller de pintura permanece a media luz aunque por el patio que queda en la mitad de esa casa entra iluminación suficiente para que sus alumnos y compañeros puedan hacer sus obras de arte con mayor tranquilidad. Cuadros, muchos cuadros decoran las pálidas paredes, todos con una misma firma, Dorian Flórez. Casi todos esos cuadros hablan de un mismo tema, la maternidad y la paternidad asunto que desde muy joven le intriga profundamente: “no tengo hijos y por ahora no quiero tenerlos porque considero eso una responsabilidad casi imposible de asumir, por eso mismo es que me llama la atención y me gusta”.
Dorian nació en Caldas Antioquia el 11 de diciembre de 1960 y desde muy pequeño se sintió atraído por el arte, pero no fue a eso a lo que se dedicó en principio sino que viajó a París a estudiar Psicología clínica, “en Paris uno se encuentra con otro mundo, la ciencia allá esta más avanzada y uno descubre cosas que ni se imaginaba que existían, también hay mucho arte y por eso decidí dedicarme a la pintura”.
Por eso en 1983 estudió en el “Taller de pintura Luis Caballero” y empezó su carrera profesional, desde ahí su obra ha recorrido muchos lugares del mundo, dejando en alto lo mejor de su tierra.
Así, co
mo es usual encontrarlo, con un delantal blanco sucio por las pinturas que manipula y un lienzo preparado para iniciar la obra le enseña a los caldeños lo que desde el otro continente logró aprender: “yo siempre he pensado que cualquier persona puede ser artista, porque la creatividad viene acompañando con cada uno desde el nacimiento, solo que en este país las cosas son más difíciles, uno no encuentra espacios propicios para las artes plásticas, si algo de arte se cuela por los tejados es de música, nada más. Yo soy de la Junta directiva de la Casa de la Cultura del municipio de Caldas y nunca he encontrado ahí un espacio para mi arte, en cambio la música de la banda siempre está presente, por eso monté este taller y enseño de lo poco que sé”Al calor de un tinto, en una pequeña sala donde atiende sus visitas cuenta otra de sus maravillosas experiencias, de esas que le agradece inmensamente a la vida.
“Desde que inicie mi carrera de psicología clínica sabia que las personas con discapacidad tenían un enorme potencial y aquí en mi municipio pude explorarlo, así que hace un año contacté a la directora de la escuela especial y empecé a trabajar con esos niños, en algo que se llama arte terapia, que sirve para incentivar al niño, que él mismo valla descubriendo sus capacidade
s y desde ahí logre curarse progresivamente”.Además adelanta el proceso de construcción del pabellón de arte terapia en la Clínica Cariño, para mejorar la calidad de vida de los pacientes y para implementar por primera vez está técnica en el país.
“Seríamos así los primeros en utilizar l arte terapia reconocidos en Colombia, lo que es muy bueno, no solo para nosotros sino para el país porque así es posible que otras instituciones se animen a practicarla y así sean muchos más pacientes los beneficiados”
Después de vivir veinte años entre Francia e Italia y de tener muchos reconocimientos como la Mención de honor Saluzzo arte Contemporáneo dada en Italia y el Premio de la Crítica di Saluzzo del mismo país, llega a Colombia a regalar su arte y su experiencia a favor de los más necesitados.
Es un personaje que transita tranquilo por las calles de su municipio natal, sin el reconocimiento que se merece por desempeñar una labor tan importante, tan educativa y que tan pocos realizan.