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miércoles, marzo 14, 2007

El señor del teatro en La Ceja

En el municipio de La Ceja del Tambo, en Antioquia a una hora y media de Medellín, en el fervoroso pueblo devoto a la Virgen del Carmen nació Darío Soto Cortés hace muchos años como él mismo lo dice.

Él descubrió su vocación desde la escuela, cuando tenía más o menos 12 años y representó a Simón Bolívar, el Liberador, frente a un numeroso público y más que Darío, el niño sumiso pero payaso, se sintió el más honorable de los hombres que haya podido pisar tierra bolivariana.

Fue así como encontró en el teatro la calma para sus deseos, se encontró que “no servía sino pa´ eso, porque hay vidas miserables y uno quiere siempre mamarle gallo a la vida” dice entre risas.

Después de Bolívar empezó a hacer mímicas de Sandro el cantante de los años 60´s y lo hacia muy bien le aseguraban muchos de sus ya seguidores, luego vinieron los cuentos y chistes en público que lo dejaban bien parado ante su municipio.

Con 17 años cumplidos fundó el primer grupo de teatro en La Ceja llamado “Los comunes” donde era el director y el actor principal, después de éste fueron creados por idea suya el “Teatro siglo XX” y “TAFFI”.

Algunos años después tomó la que sería la decisión más difícil de su vida, convertirse en un mimo callejero y recorrer en esta condición todo el país: Bogotá, Calí, Pasto, Medellín, Bucaramanga y Barranquilla fueron sus principales plazas; pero cuando llegó a esta última ciudad su vida cambió.

“Yo desde siempre sabía que llevaba un caribe dentro” -dice, y ahí lo comprobó, sobre todo cuando asistió al primer Carnaval, porque se encontró con un evento fálico, donde el desorden, el deseo sexual, la carnalidad y la seducción eran los principales ingredientes de aquella felicidad tan conocida a través de los medios pero tan desconocida a la vez, porque como continúa diciendo “ese carnaval no vasta con verlo, hay que vivirlo”.

Fueron veinte años los que Darío Soto vivió en la ciudad costera, años en los que a la par del teatro se dedicó a la academia, asistió a una serie de talleres de formación con maestros de talla nacional e internacional, cursó Dirección escénica con el maestro Luis Miguel Clement del Teatro Fronterizo de España, Iniciación a la pantomima, entre otros muchos cursos en los que tuvo oportunidad de participar; de ahí que haya sido profesor de teatro de la Universidad CUC y tallerista de la Universidad del Atlántico y que sea uno de los pocos antioqueños con tarjeta profesional de actor y director.

En Barranquilla logró lo máximo a nivel profesional: crear la agrupación “Teatro y Títeres La Carreta”, agrupación que llegó a pertenecer a la lista de los diez mejores grupos de teatro del país e inscribirla a la Asociación de Titiriteros de Colombia.

Veinte años después de conocer Barranquilla Darío Soto se devuelve a su tierra natal, La Ceja del Tambo, lugar que lo vió crecer y al que le agradece además de su infancia el ayudarle a descubrir su vocación.

Hace cinco años fundó “Teatro y Títeres La Carreta” en La Ceja y “Máscaras y Paradojas”, además impulsó el ánimo de los cejeños y su amor al teatro celebrando allí el “Día Internacional del Teatro” que el 27 de marzo pasado llegó a su sexta versión.

Alumnos suyos le agradecen el estar posicionados como los mejores actores en Medellín y Municipios aledaños y por brindarle a La Ceja una buena imagen en los festivales locales y regionales de esta índole.

Aunque el maestro Soto encuentra en el municipio de La Ceja del Tambo dificultades atroces en la inversión Cultural, falta de dinero para las obras, los vestuarios, los escenarios y los desplazamientos es uno de los problemas más grandes que se presentan en materia de teatro.

Es por eso que siente que devolverse a La Ceja fue un error porque “acabé con la historia de 20 años con la historia de uno de los grupos más prometedores del país” asegura con expresión de angustia y melancolía.

“Claro que me devolvería para Barranquilla pero sé que el movilizarme de un lugar a otro hace parte de la itinerancia del gran actor donde uno llega sabe que se tiene que ir, y donde uno llegue sabe que tiene que amar el arte y enseñarlo y vivirlo”.

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