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viernes, junio 23, 2006

Machismo, machismo, eterno machismo

El machismo entre los colombianos me deja asombrada, recientemente en un articulo publicado en la revista Cambio se aseguraba que el 35% de los jóvenes del país prefieren que su esposa llegue virgen al matrimonio; sumado a esto, el alboroto que se produjo con la legalización del aborto en los últimos días demuestran como la mujer en este país es pisoteada y humillada por el gran poder masculino que siempre ha sido preponderante.
Aquí los hombres desde niños se inician con las mujeres fáciles, o putas como algunos suelen llamarlas, y después quieren disfrutar de muchísimas mujeres, eso si, que la madre de sus hijos sea tan pura como la Santísima Virgen María, que en la paz del señor descanse.
Eso cuando deciden hacerse cargo de sus hijos. Porque ni que hablar de los padres abortistas, que sencillamente se desaparecen para huirle al problemita, ¿acaso no es eso aborto masculino? Pero, como lo pregona la religión y las iglesias, la mujer que aborta no es más que una vil asesina, ¿y que tal de los irresponsables de los hombres que abusan y se van? Esos si que merecerían cárcel. Pero no... en este país católico apostólico y colombiano ni pensarlo, la mujer es la culpable de todos los desastres de la humanidad, o si no miren a la pobre Eva, por culpa de la cual caímos al mundo desnudos, con frío y con hambre.
En fin, un sin número de episodios han sido culpa de las mujeres, y ahora las muy descaradas pretendemos exterminar a la humanidad, por encima de la moral y de las buenas costumbres de este mundo judeocristiano, aprobando el aborto. Solo porque somos quienes entendemos mejor que es preferible unos niños felices, sanos y deseados, que unos frágiles, sin amor, maltratados y pobres, casi miserables, además con madres desesperadas y frustradas.
Pero tan pronto como damos un paso adelante la conciencia nos retrocede siglos, a la época de la Inquisición, cuando mirar más allá de sus narices era un sacrilegio, una herejía. Es tan sencillo mirar cómo siempre hemos cargado con la herencia de ese pecado desde el principio de los días, que hoy a puertas del fin del mundo, como muchos dicen, somos las brujas del cuento, las madrastras malas, y eso sí nos prefieren cenicientas, que laven, planchen, barran, cocinen, que nunca tomen decisiones, que se casen con el príncipe azul cuando él las escoja y que no hagan más que obedecer, al esposo infiel, al padre abusador, a la iglesia limitadora y al estado moralista e injusto.
Estamos hechas, ¿no? La vida que de verdad nos merecemos y que en el fondo todas soñamos. Señores, ya pasamos la Edad Media y la de piedra, no necesitamos más vírgenes que las que hay en las entradas de los pueblos, con esas ya son bastantes, deberían permitirnos ser las dueñas y señoras no solo de nuestras casas, sino de nuestro pensamiento, nuestra vida y nuestro cuerpo, y que cada quien pueda hacer con lo suyo lo que se le antoje, sería lo más justo. ¿O no?

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